¿Qué es la demencia?

Te explicamos en qué consiste y qué debe hacerse

La esperanza de vida de las personas ha aumentado considerablemente en el último siglo gracias a los avances técnicos, sanitarios y sociales que hemos experimentado. La tercera edad ha ganado importancia al haber más personas que llegan en buenas condiciones a esta etapa de la vida, a la vez que crece el número de afectados por dificultades asociadas a la vejez como la demencia.

El cuidado y acompañamiento de las personas con dificultades de salud en edades avanzadas es un reto en la actualidad para la sociedad y las familias, para las que es fundamental acercarse a una realidad aún desconocida para la mayoría.

Llamamos demencia al deterioro de las funciones cognitivas de una persona (memoria, orientación, lenguaje...) debido a un daño orgánico producido en el cerebro.

Aunque la demencia suele darse en personas mayores de 65 años (demencia senil) es diferente a los efectos producidos por el envejecimiento. El deterioro producido en la demencia no sólo es más grave es también en la mayoría de los casos progresivo, esto es que el daño va aumentando con el paso del tiempo.

Por otra parte, y aunque es menos frecuente, la demencia también puede darse en personas jóvenes (demencia presenil).

Existen diversas enfermedades que pueden dañar el cerebro produciendo cuadros de demencia distintos en cada caso (Alzheimer, vascular, de Lewy, Parkinson, Huntington…). Es por ello que tanto la edad de inicio, la duración y la progresión del trastorno pueden variar mucho.

También, según la enfermedad y las regiones del cerebro que ésta afecte, los primeros indicios que se observan varían enormemente. Estos indicios son notables para quienes conocen bien a la persona, que perciben un cambio que no siempre relacionan con un problema orgánico o cognitivo. Algunos de los cambios que podemos observar en una persona y que pueden ser sospechas de demencia son:

  • Problemas de memoria, como aparición de despistes, dificultad para recordar nueva información (nombres, personas, vivencias) o pérdida de la memoria reciente.
  • Problemas de orientación, inicialmente en entornos nuevos o poco familiares, progresivamente en entornos conocidos.
  • Problemas de lenguaje, como dificultad para nombrar objetos conocidos o para expresar una palabra determinada (que puede compensarse con explicaciones sobre aquello a lo que se quiere referir).
  • Problemas en las capacidades motoras, como el dibujo o la escritura, así como la aparición de trastornos motores como temblores o espasmos.
  • Problemas en el reconocimiento de personas u objetos familiares.
  • Problemas emocionales, como indica la presencia de irritabilidad o tristeza.
  • Problemas de conducta, como la desinhibición (realizar conductas inapropiadas) o la apatía (indiferencia o ensimismamiento).
  • Problemas psicóticos, es posible la presencia de delirios (creencias que no se basan en la lógica y se mantienen a pesar de evidencias en contra) o alucinaciones (percibir cosas que no existen).

¿Cómo afrontar la demencia?

Ante la sospecha de alguna de estas dificultades el primer paso es determinar si la persona realmente padece un deterioro cognitivo significativo, respecto a otras dificultades como el delirium o el trastorno depresivo.

Para ello se debe acudir al médico de cabecera quién valorará la situación y en su caso derivará al neurólogo, el especialista que atiende las dificultades cognitivas y que junto con el neuropsicólogo intervendrá sobre ellas..

El adecuado diagnóstico de la patología que afecta a la persona ofrece un pronóstico (evolución que se puede esperar del cuadro) y unos objetivos de tratamiento que guiarán la intervención. Es importante que este diagnóstico sea temprano, ya que aumenta enormemente los beneficios para la persona y mejora su pronóstico, sin embargo esto no siempre es posible. En muchos casos no existen pruebas médicas objetivas para el diagnóstico, que aporten evidencias seguras sobre la presencia de la patología cerebral..

Es por estas dificultades que la evaluación neuropsicológica ha demostrado gran utilidad. Mediante la aplicación de pruebas cognitivas se pueden identificar las dificultades que padece la persona y establecer así los objetivos de tratamiento..

Existen medicamentos que buscan aliviar y enlentecer los efectos de la demencia. Por su parte el neuropsicólogo a través de la rehabilitación cognitiva busca recuperar las funciones afectadas o compensar los daños con el desarrollo de otras funciones con el objetivo de mantener la autonomía en la vida diaria y aumentar la calidad de vida de la persona lo máximo posible..

La colaboración con los allegados a la persona es una arte imprescindible del tratamiento. Ofrecer información, instruir en pautas para el adecuado manejo de la convivencia así como atender el impacto de la enfermedad en la vida familiar es parte de la atención integral a la demencia..

Aunque la demencia es un síndrome cuyo diagnóstico da miedo al afectado y sus familiares, su impacto puede verse atenuado en gran medida al actuar rápidamente. Existen diversas alternativas médicas y neuropsicológicas con las que retrasar los efectos de la demencia y mantener la calidad de vida de la persona mucho más tiempo. Además contar con el apoyo de los diversos profesionales sanitarios permite tanto a la persona como a su entorno sentir que no están solos ante la dificultad..

 

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